|
|
||||||
|
|
|
|
||||
|
|
|
|
||||
|
|
|
|||||
|
1. INTRODUCCIÓN: Finalidad del comentario de textos 2. EL MÉTODO 2.2.1. Su caracterización como texto literario 2.2.2. Su situación en la Historia de la Literatura 2.3. Relación Autor—Texto 2.3.1. Disposición del autor ante la realidad 2.3.2. Actitud o punto de vista del autor 2.5. Determinación de la Estructura del Contenido 2.6.Análisis de la Forma y del Contenido 2.6.3. Plano Léxico-Semántico 2.7. Conclusión y Síntesis3. LA MÉTRICA 3.1. El Verso 3.1.1. El Cómputo Silábico 3.1.2. La Acentuación 3.1.2.1. Acento estrófico 3.1.2.2. Posición de los acentos en el verso 3.1.2.3. Periodo rítmico por la posición de los acentos 3.1.2.4. La acentuación del endecasílabo 3.1.3. La pausa versal y la cesura 3.1.4. La Rima 3.1.5.Clases de Versos 3.2.La Estrofa |
1. INTRODUCCIÓN: Finalidad del Comentario de TextosAl conocimiento de la Literatura no se llega solamente mediante el estudio de su Historia. Ese estudio sería vano —se convertiría en una simple memorización de datos— si no fuera acompañado de otros modos de percepción: la lectura continuada de obras literarias y el comentario o explicación de textos. Comentar un texto supone comprobar los datos conocidos a través del estudio de la Historia de la Literatura (características generales de un movimiento, estilo de un autor...), comprender con profundidad el texto literario en sus diversas implicaciones (autor-sociedad-estructura literaria-forma-contenido...) y descubrir los valores estéticos que lo justifican como creación artística. Comentar un texto tiene como finalidad explicar qué es lo que el autor dice, cómo lo dice, justificando por qué lo dice así, y qué impresión produce. Un texto literario (ya se trate de una obra completa —novela, cuento, comedia, poema...— o de un fragmento de la misma) es una unidad de comunicación con la finalidad de producir belleza, entendiendo por bello todo aquello que produce un placer espiritual. Es, además, desinteresado, porque no satisface más curiosidad que la de la contemplación (lectura); en esto se diferencia de lo útil o interesado, que nos sirve para un fin práctico [1]. Como unidad de comunicación literaria, no podemos disociar el contenido (lo que se expresa) de la forma (cómo se expresa). Contenido y forma no se dan del todo por separado ni en la mente del artista ni en la del lector; aparecen desde el principio indisolublemente unidos, de tal manera que los asuntos, personajes, imágenes... son fruto de una progresiva conformación. No podemos, pues, desglosar dos aspectos —contenido y forma— en nuestro comentario: la forma determina el contenido y viceversa. Sabemos que no existe —no puede existir— un método o modelo único. Los resultados de un comentario de texto dependerán en cierta medida de la agudeza, conocimientos y aptitud del comentarista. Además, puede haber comentarios en los que predomine el enfoque gramatical, el sociológico, el ideológico, el estilístico... Pero sí es posible seguir un orden y partir de unos principios fundamentales para aplicar a cualquier texto literario... o, por lo menos, a la mayoría de ellos. Lázaro Carreter y Correa Calderón [2] señalan dos riesgos para el que comenta un texto literario: la paráfrasis y el tomar el texto como pretexto. Hacer una paráfrasis supone limitarse a explicar lo que dice el texto con otras palabras con el fin de rellenar hojas con texto escrito —es decir, lo que el estudiante llama “enrollarse”—. El comentario no debe convertirse tampoco en un pretexto para demostrar unos conocimientos que se tienen, pero que no son útiles para explicar el texto. Veamos varios ejemplos:
Repetimos que el comentario no es la exposición de contenidos teóricos. Advertiremos de otro peligro muy frecuente. El comentario no puede convertirse simplemente en un inventario de figuras literarias, en una retahíla de metáforas, epítetos, aliteraciones... Sólo deben tenerse en cuenta aquellos aspectos estilísticos que nos ayuden a explicar el texto, atendiendo siempre a la justificación de su uso y a la impresión que producen. Por último, una consideración necesaria: la facilidad en el comentario sólo se consigue mediante la reflexión y la práctica. La atención a la explicación de clase, las intervenciones de nuestros compañeros, el posible debate o la simple discusión de una opinión, han de ser tenidos muy en cuenta y, casi siempre, deben ser anotados. El método que proponemos sólo pretende ser una ayuda en ese camino, un esquema que le dé al alumno un primer “sistema”, de modo que el comentarista no se quede solo ante el texto, sin saber qué es lo que debe hacer en cada momento.
|
|||||
|
|
|
|
|
|
|
|
Antes de iniciar el análisis es preciso leer con rigor y profundidad el texto, intentando percibir sus valores literarios. En esta etapa previa se trata de entender el texto, teniendo presente que es el resultado de una combinación y selección, con intención estética y con predominio de la connotación sobre la denotación. Se debe interpretar su estructura artística y tratar de explicar, racionalmente, la reacción que produce su lectura. Hay que leer varias veces el texto, hasta estar seguros de haber desentrañado su sentido literal y connotativo. Es conveniente ir anotando al margen las dificultades lingüísticas, técnicas, culturales, que nos plantea el texto y resolverlas sucintamente, lo que nos será después de gran ayuda. Si es necesario, deberá hacerse uso del diccionario, así como de un manual de Gramática y los libros de consulta necesarios (Historia de la Literatura, Retórica...). Al finalizar esta primera fase, hemos de estar seguros de que no ha quedado ninguna duda léxica, sintáctica, cultural... sobre el texto que vamos a comentar.
Localizar un texto es establecer su situación en unas coordenadas precisas, teniendo en cuenta las distintas relaciones que determinan dicho texto. Debemos acotar el texto en dos planos: como texto literario en sí, independientemente de su situación histórica; y como obra inserta en la Historia de la Literatura, con todas las incidencias que esto conlleva.
a) El género literario a que pertenece (lírica, épica, dramática).
b) El subgénero, si es posible (novela, cuento, comedia, égloga, elegía, oda...) [3].
c) La forma literaria: prosa o verso.
a) Autor, obra, periodo, movimiento o escuela literaria, fecha...
b) Características generales de la época, movimiento... a que pertenece el texto. Solamente hay que mencionar aquellas que influyen directamente en el mismo.
c) Particularidades del autor en lo que atañe al texto. Momento de esa obra en la producción del autor y características derivadas de ello.
d) Rasgos más destacados del texto y de la obra a la que pertenece. Cuando se trate de un fragmento de una obra mayor, se han de indicar las características derivadas del lugar que ocupa en la estructura de dicha obra.
e) Fuentes e influencias que se manifiestan en el texto.
Antes de analizar el texto, es necesario precisar la disposición del autor ante la realidad y su actitud o punto de vista. Se trata de estudiar el modo en que el autor interviene en su texto, como escritor y como persona. Nos interesa lo que podríamos llamar técnica del autor y su implicación psicológica en el texto; establecer el modo en que el autor se sitúa ante la realidad y los procedimientos que adopta, conscientemente, para transmitir su mensaje.
Si nos situamos en la oposición objetividad /subjetividad podrían darse los siguientes casos:
Realismo: significa fidelidad a la
realidad, o cuanto menos, a lo verosímil. Se opone al:
Idealismo: el autor transforma la
realidad destacando aquellos elementos y cualidades que pueden alterar la
realidad para embellecerla o deformarla.
Disposiciones más concretas que se oponen o matizan el realismo y el
idealismo, y que pertenecen a tendencias literarias determinadas podrán ser: el
naturalismo, el simbolismo, el surrealismo, el expresionismo, el impresionismo, el esperpento, etc.
También podríamos establecer otras oposiciones; por ejemplo, entre disposición racional e intelectual frente a una postura emocional o afectiva, y también entre actitud lógica-realista frente a otra imaginativa-fantástica. La manera irónica supone, quizá, un mayor grado de madurez literaria y de distanciamiento, en cuanto a que hay una discrepancia entre lo aparente y lo real, entre lo que se dice y lo que se da a entender. Es una forma de no simplificar o reducir el juicio del autor ante lo que realmente sucede.
En un texto lírico, predomina la actitud subjetiva. El autor interviene en la realidad que describe (un paisaje, sus sentimientos...). Su actitud subjetiva (interna) puede combinarse a veces con cierta objetividad.
En un texto narrativo, suele predominar la
actitud objetiva (externa), aunque se pueden identificar distintas
disposiciones, por lo que podemos distinguir sendos tipos de narrador [4]:
Narrador omnisciente: El narrador
actúa con un conocimiento completo de todo: sentimientos, pensamientos,
acontecimientos, situaciones... Presenta a los personajes en tercera persona y
describe todo lo que éstos ven, oyen, sienten... e incluso circunstancias en
las que no hay presente ningún personaje. El narrador puede tomar una actitud
objetiva o subjetiva. Tradicionalmente, ha sido la forma habitual en la novela.
Emplea la tercera persona.
Narrador objetivo:
El narrador procede como si observara los hechos, ajustándose a éstos como
un observador imparcial. No puede adentrarse en el mundo interior de sus
personajes. Esta actitud no es muy frecuente y suele darse sólo en fragmentos
más o menos extensos de una obra narrativa. Utiliza la tercera persona.
Narrador testigo: Es un personaje secundario o un testigo de los hechos que no participa
directamente en la acción. Utiliza la primera persona en combinación con la
tercera.
Narrador protagonista: El personaje central, en primera persona, cuenta su propia
historia. Pueden coincidir el autor y el narrador (autobiografía) o no (por
ejemplo, en la novela picaresca).
Segunda persona narrativa: El narrador se dirige en un ficticio diálogo a un personaje
ausente, al lector o a sí mismo (monodiálogo).
En
un texto dramático: Predomina la acción y el diálogo, por lo que el
autor se distancia. Sin embargo, en el teatro el autor puede adoptar también
puntos de vista distintos con relación a sus personajes. Veámoslo en la
particular explicación de Ramón del Valle-Inclán:
[...] creo que hay tres modos distintos de ver el mundo artística o estéticamente: de rodillas, en pie o levantado en el aire. Cuando se mira de rodillas —y ésta es la posición más antigua en literatura—, se da a los personajes, a los héroes, una condición superior a la condición humana, cuando menos a la condición del narrador o del poeta. Así, Homero atribuye a sus héroes condiciones que en modo alguno tienen los hombres. [...] hay una segunda manera, que es mirar a los protagonistas [...] como de nuestra naturaleza, como si fuera el personaje un desdoblamiento de nuestro yo, con nuestras mismas virtudes y nuestros mismos defectos. Esta es indudablemente la manera que más prospera. Esto es Shakespeare [...]. Y hay otra tercera manera, que es mirar el mundo desde un plano superior y considerar a los personajes de la trama como seres inferiores al autor, con un punto de ironía. Los dioses se convierten en personaje de sainete. Esta es una manera muy española, manera de demiurgo, que no se cree en modo alguno hecho del mismo barro que sus muñecos.
El autor tiene una visión del mundo que nos transmite mediante su obra. El texto presenta un sentido, una intencionalidad. Establecer el tema es delimitar la idea central que origina y da sentido al texto. Hay que prescindir de los datos anecdóticos y concretos. Debe precisarse:
El tema o idea central.
Características del tema (tradicional o innovador, moral,
amoroso, social...).
Si es un tópico literario (carpe diem, ubi sunt...),
debe explicarse y justificar en relación con el periodo literario en que se
localiza el texto.
Si es un tema habitual del autor o de la corriente literaria
a que pertenece.
Determinar la estructura del texto no es resumirlo o reducirlo a su argumento, aunque esto puede hacerse previamente si se cree necesario —por ejemplo, si el texto es de difícil interpretación—. Por estructura entendemos la organización del texto en unidades (partes) relacionadas entre sí. Se trata, por lo tanto de definir claramente las partes en que se divide el texto y el tipo de relación que se establece entre ellas [5].
En un texto de extensión “normal” (entiéndase, de los que pueden ser utilizados en clase para trabajar sobre ellos), las partes son poco numerosas. El tema principal puede distribuirse en los distintos apartados o sintetizarse en uno de ellos. También hay que tener en cuenta que en un poema más o menos extenso, los apartados del contenido pueden o no coincidir con las distintas estrofas. Obsérvese en los siguientes poemas, cómo las dos partes de un contenido muy similar dan lugar a una estructura equilibrada (en el primero) o condensada (en el segundo):
|
En tanto que de rosa y de azucena se muestra la color en vuestro gesto, y que vuestro mirar ardiente, honesto, enciende el corazón y lo refrena; y en tanto que el cabello, que en la vena del oro se escogió, con vuelo presto por el hermoso cuello blanco, enhiesto, el viento mueve, esparce y desordena: coged de vuestra alegre primavera el dulce fruto antes que el tiempo airado cubra de nieve la hermosa cumbre. Marchitará la rosa el viento helado, todo lo mudará la edad ligera por no hacer mudanza en su costumbre.
Garcilaso de la Vega: Soneto XXIII |
|
Mientras por competir con tu cabello, oro bruñido, el sol relumbra en vano; mientras con menosprecio, en medio el llano, mira tu blanca frente el lilio bello; mientras a cada labio, por cogello, siguen más ojos que al clavel temprano, y mientras triunfa con desdén lozano del luciente cristal tu gentil cuello; goza cuello, cabello, labio, frente, antes que lo que fue en tu edad dorada oro, lilio, clavel, cristal luciente, no sólo en plata y viola truncada se vuelva, mas tú y ello juntamente en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
Luis de Góngora: Soneto |
Un texto literario supone una unidad de intención. El contenido, la significación del texto, es inseparable de lo que solemos llamar forma. El escritor, para elaborar su texto, emplea unos componentes (sonidos, ritmos, palabras, formas y estructuras gramaticales...) que son comunes a la casi totalidad de los hablantes de su lengua. Sin embargo, el texto literario es el resultado de un uso muy peculiar de la misma. Las diferencias entre un texto no literario y otro que sí lo es radican en la forma específica de éste para crear un mundo mediante la palabra con normas distintas a las del uso normal de la lengua. Así, consideramos el texto literario como el resultado de un uso artificial [6] del lenguaje.
La finalidad de la literatura es esencialmente estética; es decir, pretende producir belleza. El texto literario se caracteriza, entre otras propiedades, por:
Predominio de la función poética del lenguaje: el texto llama la atención por sí mismo, por su original construcción, que lo
distingue —como hemos dicho— del uso normal, para así dotarse de especial y
nueva significación.
Por la connotación,
que es especialmente relevante: la palabra poética no se agota en un solo
significado; no es, como en el lenguaje común, simple sustituto del objeto al
que se refiere, sino que su significado se ve acompañado de distintas
sugerencias y sentidos que sólo pueden apreciarse en su contexto.
Como conclusión, señalamos que es imposible separar qué es lo que dice el autor (el contenido, la significación) de cómo lo dice (la forma), aunque esta división pueda ser útil en determinadas ocasiones como recurso metodológico. El comentario de texto consiste en justificar cada rasgo formal como una exigencia del contenido, o desde un enfoque complementario, el contenido como resultado de una determinada elaboración formal.
También por razones metodológicas, podemos analizar los rasgos formales del texto literario en tres apartados, dependiendo del plano de la lengua al que afectan: nivel fónico, nivel morfosintáctico y nivel léxico-semántico, aunque hay que tener en cuenta que algunos de dichos rasgos interrelacionan los distintos planos.
Los recursos expresivos son muchos y variados. Aconsejamos
—en caso de que nos encontremos ante un texto en verso— comenzar por el análisis
métrico. Tras explicar el tipo de estrofa y versos
utilizados, es conveniente intentar justificar su uso en función
del tema tratado o de las posibles influencias recibidas por el autor. Si se
considera suficientemente significativo debe comentarse el ritmo acentual [7].
;Las figuras que afectan al plano fónico son,
fundamentalmente, los distintos tipos de reiteraciones fónicas (aliteración,
onomatopeya, paronomasia...). Se atenderá especialmente a los efectos
rítmicos que producen y a la significativa distinción de las palabras que
intervienen en estos efectos.
Aliteración:
Repetición de un sonido o de varios iguales o
próximos en un verso, estrofa, período... etc. Tiene efectos eufónicos o
cacofónicos.
Ejs.: con el ala aleve del leve abanico [Rubén Darío]; Infame turba de nocturnas aves [Luis de Góngora].
Onomatopeya:
Consiste en imitar sonidos reales mediante los procedimientos fonéticos de
la lengua.
Ejs.: Puede hacerse por imitación léxica (siseo, zigzag, tartajeo) o por aliteración: En el silencio sólo se escuchaba / un susurro de abejas que sonaba [Garcilaso de la Vega].
Paronomasia:
Semejanza fonética de palabras o grupo de palabras. Al utilizar palabras de
sonido muy semejante, pero diferente, y con significado muy distinto se produce
un contraste de gran efectividad expresiva.
Ej.: Vendado que me has vendido [Luis de Góngora].
Se refiere al uso de las palabras como categorías gramaticales (sustantivo, adjetivo, verbo...) y a su combinación sintáctica. Las principales cuestiones a tener en consideración son:
Estilo nominal / Estilo verbal: Es importante hacer notar en el comentario si domina el estilo nominal o el estilo verbal; es decir, si
predominan los elementos constituyentes del sintagma nominal (nombres, adjetivos,
determinantes) o del sintagma verbal (verbos, adverbios),
teniendo en cuenta que en el uso normal de la lengua el uso los nombres es
mayor que el de los verbos.
Estilo nominal: Si destaca el uso del nombre predomina el estatismo sobre
el dinamismo, la frase suele ser más larga, el ritmo más lento. Relacionado con
el nivel semántico, hay que destacar si en la significación de los nombres
sobresalen claramente los concretos (preeminencia de la objetividad) o,
por el contrario, existe una relativa abundancia de los abstractos (en
este caso, el texto es fundamentalmente conceptual, lógico; o bien, predomina
la subjetividad del hablante). Se tendrá también en cuenta el posible empleo de
los afijos, especialmente sufijos de carácter subjetivo (afectivos,
despectivos...).
Especial interés presenta el estudio del adjetivo. Es uno de los elementos embellecedores de la lengua literaria más importante, por lo que hay que prestarle el mayor interés: valora subjetivamente, clasifica, transforma la realidad, destaca una cualidad sobre las demás... Interesará básicamente el epíteto [8], es decir, el adjetivo con valor explicativo. Según su valor expresivo pueden ser propios o constantes, accidentales, metafóricos, sugestivos, dinámicos, estáticos... Su anteposición al nombre subraya su calidad significativa. Un caso especial es la sinestesia, que aporta una cualidad que el nombre no admite objetivamente.
Estilo verbal: Si hay abundancia de verbos, el texto es dinámico, narrativo. Habrá que tener en cuenta los rasgos significativos privativos del
verbo, especialmente el modo y el aspecto. La abundancia de formas
del subjuntivo denota algún tipo de subjetividad que habrá que precisar,
por oposición al modo indicativo propio de la objetividad. El aspecto perfecto
es propio de la narración, ordenando temporalmente las acciones, mientras
que con el uso del imperfecto éstas se difuminan en el tiempo sin
ofrecer precisión cronológica, por lo que es más descriptivo que narrativo.
Orden de los elementos de la oración. Predominio del orden lógico (claridad) frente al hipérbaton,
que destaca subjetivamente algún elemento de la frase al sacarlo de su posición
habitual.
Tipo
de oración. La
oración simple revela sencillez y claridad, mientras que el uso frecuente de la
oración compleja, especialmente de la subordinación, es indicativo de
complejidad y elaboración intelectual.
Entre las figuras que afectan al plano
morfosintáctico, destacamos: las supresiones (elipsis, asíndeton...),
las reiteraciones (derivación, políptoton, polisíndeton...)
y los distintos tipos de paralelismo.
Epíteto: Aunque no se trata propiamente de una figura
literaria, estamos ante un recurso expresivo de capital importancia. El
epíteto es el adjetivo con valor explicativo, que destaca una cualidad del
nombre, por lo que sirve al escritor para matizar o subrayar aquellos aspectos
de la realidad descrita que quiere poner en el primer plano de la atención del
lector. Esto permite someter a dicha realidad a un proceso de subjetivación por
la selección de determinadas cualidades; así, podremos hablar, por ejemplo, de
idealización, realismo, sátira, caricatura..
Ejs.: «Cerca del Tajo, en soledad amena, / de verdes sauces hay una espesura» [Garcilaso de la Vega]; «érase un naricísimo infinito / frisón archinariz, caratulera, / sabañón garrafal, morado y frito» [Francisco de Quevedo].
Junto con el epíteto han de tenerse en cuenta algunos sintagmas preposicionales que actúan como adjetivos de discurso, así como algunos participios. El estudio de los valores significativos de todos estos elementos será de importancia fundamental para describir la intención del autor y su punto de vista ante la realidad que contempla.
Véase en el siguiente texto, cómo los distintos procedimientos de adjetivación sirven en la primera parte para enfatizar la sensación de fatiga, cansancio... para, a continuación, destacar la aspereza, aridez, austeridad... del paisaje, en el que sólo hay unas breves notas de color:
Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día. Antonio Machado: A
orillas del Duero (fragmento) Ej.: de los sus ojos tan fuertemente
llorando [Anónimo: Poema de Mio Cid] Ej.: Y se nace ¿por qué? ¿por
quién que quiso? [Blas de Otero] Ej.: fueros le da su osadía, / le
disculpa su riqueza, / su generosa nobleza, / su hermosura varonil [José de
Espronceda]. Ej.: reman que reman que
reman / ¡nunca de remar descansan! [Jorge Guillén]. Ej.: Diana en corneta de
fuego, / diana del pobre y del ciego, / diana de la madrugada. [Nicolás
Guillén] Ej.: cuando morir es ir donde no hay nadie / nadie, nadie... [Blas de Otero] Ej.: Verde que te quiero verde
[Federico García Lorca]. Ej.: A corazón suenan, resuenan,
resuenan [Rafael Alberti]. Ej.: soy un fue, y un será
y un es cansado [Francisco de Quevedo]. Ej.: Por ti el silencio
de la selva umbrosa; / por ti la soledad y apartamiento / del solitario
monte me agradaba. [Garcilaso de la Vega] (Orden lógico gramatical: "El silencio
de la selva umbrosa, la soledad y apartamiento del solitario monte me agradaban por ti"). Ï Sinonímico:
repite aproximadamente el mismo contenido. que los gritos de
angustia del hombre los ahogan con cuentos que el llanto
del hombre lo taponan con cuentos [León
Felipe]. Ï Antitético es decir, de contenidos opuestos. y la carne que tienta con
sus frescos racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos. [Rubén Darío]. Ï Sintético: desarrolla nuevos contenidos. Por lo visto es posible
declararse hombre. Por lo visto es posible decir No. [Jaime Gil de Biedma] Como dijimos
anteriormente, los niveles de la lengua están fuertemente interrelacionados,
por lo que no hemos podido, evidentemente, obviar en los anteriores apartados
el análisis de la significación. Sin embargo, debemos detenernos en
determinados recursos estudiados por la semántica cuya aparición y función en
el texto es substancial. Así pues, las figuras más significativas en este plano serán: Ej.: Cuando estés recién muerto / aún
con la tibia tibia [Gloria Fuertes]. Ej.: las bocas se encuentran y luchan tibiamente
[Julio Cortázar]. Ej.: Ayer naciste
y morirás mañana.
Para tan breve ser ¿quién te dio vida? Para vivir tan poco estás lucida. Y para no ser nada estás lozana. [Luis de Góngora] Ej.:
¡Oh llama de amor viva, que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro! [...] ¡Oh cauterio suave! ¡Oh regalada llaga! [San Juan de la Cruz]. Ï Retruécano:
alterando el orden de las palabras. Ej.: Piensa el sentimiento, siente el
pensamiento [Miguel de Unamuno]. Ï
Calambur: jugando con las sílabas de las palabras. Ej.: Yo no soy un intelectual,
todo lo más un telectual que está in [Juan García Hortelano].
Dilogía o equívoco:
es un tipo especial de polisemia, con carácter satírico. Ej.: el gran maestro aparecía [...]dotado de una metafísica original, dotado de simpatías en el gran mundo, dotado de una gran cabeza [Luis
Martín-Santos] Ej.: definitivamente / duerme ya un
sueño tranquilo y verdadero. [Antonio Machado] Ej.: ¿No ha de haber un espíritu
valiente? / ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? / ¿Nunca se ha de decir lo
que se siente? [Francisco de Quevedo] Ej.: ¡Oh dulces prendas, por mí mal
halladas! [Garcilaso de la Vega]. Ej.: Aquel ave / que dulce muere y en
las aguas mora. [Luis de Góngora] Ej.: ¿Dónde has aprendido a hablar así
a los niños? Continúa así y te llamarán de usted... [Juan García
Hortelano]. Ej.: el humor corrosivo de tus manos
feroces / que cortaban la leche y oxidaban el oro / y marchitaban
las flores [Gabriel garcía Márquez]. Ej.: Con mi llorar las piedras
enternecen / su natural dureza y la quebrantan [Garcilaso de la
Vega]. Ej.: Ante el mostrador, los tres
visitantes, reunidos como tres pájaros en una rama, ilusionados y
tristes... [Ramón del Valle-Inclán]. Ej.: Si eres campana, ¿dónde
está el badajo?; / si pirámide andante, vete a Egipto [Francisco de
Quevedo]. Ejs.: Yo soy aquel que ayer no más
decía / el verso azul y la canción profana [Rubén Darío]. Sobre
la tierra amarga [Antonio Machado]. Ej.: era como el tiempo delicuescente, algo
como chocolate muy fino [Julio Cortázar] Ï
metáfora impura (cuando se expresan los dos términos). Puede utilizar distintas
fórmulas: Ï
«r es i»: El sol es un
globo de fuego, / la luna es un disco morado (Antonio
Machado); álamos que seréis mañana liras / del
viento perfumado en primavera [Antonio Machado]. Ï «r de i»:
peinando sus cabellos de oro fino [Garcilaso de la Vega] Ï «i de r»: El jinete se acercaba / tocando el tambor del llano [Federico García Lorca] Ï «r, i»
(metáfora aposicional): las palabras, guantes grises [OctavioPaz]. Ï «r:
i»: Sifón: agua con hipo
[Ramón Gómez de la Serna] Ï
metáfora pura (cuando sólo se expresa el término imaginario). Ej.: Su luna de
pergamino [pandero] / Preciosa tocando viene [Federico García
Lorca]. Ej.: en el corredor se agrupan, bajo la
luz de una candileja, pipas, chalinas y melenas del modernismo [Ramón
del Valle-Inclán]. Ejs.: Nuestras
vidas son los ríos [Jorge Manrique]. El roble es la guerra,
el roble / dice el valor y el coraje [Antonio Machado]. Ej.: La aurora de Nueva York tiene /
cuatro columnas de cieno / y un huracán de negras palomas / que chapotea las
aguas podridas. [Federico García Lorca].
No penséis que es un libro necio, de devaneo,
un ni por burla toméis algo de lo que os leo, pues como buen dinero custodia vil correo así, en feo libro está saber no feo. El ajenuz, por fuera, negro es más que caldera y por dentro muy blanco, más que la peñavera; blanca, la harina yace so negra tapadera, lo dulce y blanco esconde la caña azucarera. Bajo la espina crece la noble rosa flor, so fea letra yace saber de gran doctor; como so mala capa yace buen bebedor, así, so mal tabardo, está el Buen Amor [11]. [Juan Ruiz, Arcipreste de Hita: Libro de Buen
Amor.] Al acabar nuestro comentario,
es conveniente cerrarlo con un resumen lo más breve posible de aquellos aspectos
que más nos hayan llamado la atención por su fuerza expresiva, por la
originalidad o novedad de su tratamiento temático, por la representatividad de
sus formas y contenidos en relación con el autor, la época, el movimiento
literario... Se trata de sintetizar las ideas esenciales de nuestro comentario.
No debemos confundir esto con una valoración personal apoyada sólo en gustos
estéticos particulares, que son esenciales para el disfrute de la obra
literaria, pero que aquí no son revelantes. Las
diversas concepciones del ritmo, así como las distintas peculiaridades de cada
lengua, han dado lugar a diferentes sistemas de versificación. La expresión del
pensamiento es susceptible de distribución simétrica en secuencias que se
correspondan. Así surgen multitud de formas de correlación y reiteración que se
dan tanto en prosa como en verso. Estas reiteraciones suelen tener como fin
esencial el remarcar el significado de lo que se expresa. Son especialmente
interesantes los distintos tipos de paralelismo (sinonímico y
antitético) que observamos en las literaturas más antiguas y en las formas más
tradicionales del saber popular (sentencias, refranes...). A estos fenómenos de
reiteración se unen aquellos que proceden de la música —origen del verso—, como
son el cómputo silábico, la disposición acentual,
las pausas y la rima. La versificación cuantitativa,
que distinguía sílabas largas y breves, era el principio fundamental de la
poesía griega y latina. Por esto, en estas lenguas, los versos no eran medidos
por el número de sílabas, sino que éstas se agrupaban en pies métricos,
conjuntos de sílabas que tenían la misma duración. Así, el pie llamado espondeo
(formado por dos sílabas largas: — —) tenía el mismo valor rítmico en
cuanto al cómputo métrico que el llamado dáctilo (una sílaba larga y dos
breves: — È È). Al desaparecer en la
lengua romance la distinción entre sílabas largas y breves, los versos fueron
tendiendo a regularizar el número de sílabas. Ahora bien, en la pronunciación real las
sílabas fonéticas no coinciden exactamente con las sílabas gramaticales, ya que
las palabras no se pronuncian marcadamente separadas y se tiende a unir las
vocales en diptongos. Así, al medir un verso se han de tener en cuenta todos
aquellos fenómenos fonéticos que son característicos de una dicción natural.
Las llamadas “licencias métricas” son muchas veces una forma de
acercarse a dicha pronunciación. La sinalefa —unión en una sola
sílaba de la[-s] última[-s] vocal[-es] de una palabra con la[-s] primera[-s] de
la siguiente— no constituye nunca una libertad poética, sino que se da en el
verso con la misma espontaneidad que en la lengua hablada: Cuan-do en
a-ques-te va-lle al fres-co vien-to
[11] Y o-ro
de su ca-be-llo dio a tu fren-te [11] No es obstáculo para
la sinalefa el que entre las vocales se interponga una h, ya que
ésta es muda [12]: Un tiem-po ho-lla-ba por
al-fom-bras ro-sas [11] Lo antinatural es el reemplazarla por el
hiato. Esto sucede, por ejemplo, en los poetas del
mester de clerecía, que tenían a gala escribir “a sílabas contadas”, es
decir, conforme a las reglas de la gramática, para diferenciarse de la poesía
popular de tradición oral. De todas formas, los poetas acuden a veces al hiato
para regularizar el verso. Se dice que hay sinéresis
cuando dos vocales contiguas en una palabra que forman hiato se unen en un
diptongo: Aé-rea
co-mo do-ra-da ma-ri-po-sa [11] La diéresis consiste en
escindir las vocales de un diptongo, pronunciándolas como sílabas distintas: En su can-ci-ón
con-ta-ba [8] Además, hay que tener en cuenta la
posición del último acento en el verso. Si éste recae en la
penúltima sílaba —acentuación llana o grave—, no afecta al cómputo silábico. Si
actúa en la antepenúltima —acentuación esdrújula— se cuenta una sílaba menos,
ya que las dos últimas sílabas se pronuncian muy seguidamente. Por fin, si el
último acento coincide con la última sílaba —acentuación aguda—, ésta se
alarga, por lo que se cuenta una sílaba más. En castellano, los versos se agrupan en
dos grandes grupos, según su número de sílabas métricas: versos de arte
menor (de dos a ocho sílabas) y versos de arte menor (de
nueve en adelante). Véase el siguiente esquema: Número
de sílabas Verso Arte
Menor 2 > Bisílabo 3 > Trisílabo 4 > Tetrasílabo 5 > Pentasílabo 6 > Hexasílabo 7 > Heptasílabo 8 > Octosílabo Arte
Mayor 9 > Eneasílabo 10 > Decasílabo 11 > Endecasílabo 12 > Dodecasílabo 14 > Alejandrino 16 > Hexadecasílabo Uno de los elementos que contribuyen al
ritmo del poema es la disposición regular de los acentos en los versos. Los
aspectos que vamos a tratar en relación con el acento, y que pueden ser tenidos
en cuenta en el comentario de textos si aportan efectos rítmicos relevantes
son: acento estrófico (ritmo de intensidad); posición de
los acentos en los versos (rítmicos, extrarrítmicos, antirrítmicos);
periodo rítmico por la posición de los acentos; y, por último,
estudiaremos el caso especial de la acentuación del verso endecasílabo. Recordemos que a
efectos de cómputo silábico todo verso tiene siempre un acento en la penúltima
sílaba, ya que si el verso acaba en acentuación aguda, la sílaba se alarga,
añadiéndose una sílaba más, y si acaba en palabra esdrújula, las dos últimas
sílabas se acortan, equivaliendo a una sola. Este acento fijo en la penúltima
sílaba recibe el nombre de acento estrófico. Todos los acentos del verso que
coinciden con el acento estrófico en situarse en sílaba par o impar son acentos
rítmicos. Por ejemplo, si el acento estrófico va en sílaba par,
todos los acentos del verso que vayan en sílaba par son acentos rítmicos; de
la misma forma, si el acento estrófico va en sílaba impar, todos los acentos
del verso que vayan en sílaba impar son acentos rítmicos. Los acentos del verso que no coinciden
con el signo, par o impar, del acento estrófico, son acentos
extrarrítmicos. Por fin, puede darse el caso de que
junto a una sílaba que lleva acento rítmico aparezca otra sílaba
acentuada; el acento de esta sílaba es acento antirrítmico. Apoyándose en los pies métricos
de la métrica latina, que era de naturaleza cuantitativa y no de intensidad,
Tomás Navarro Tomás [13] ha señalado varios tipos de ritmos en
el verso castellano, equiparando la sílaba acentuada con la sílaba larga
y la sílaba átona con la sílaba breve. Los fundamentales pies métricos
de la versificación latina son: yambo [È —], troqueo [— È],
dáctilo [— È È], anfíbraco
[È — È]
y anapesto [È È —]. Sin embargo,
en nuestra opinión [14], esta equiparación es arbitraria y
supone violentar la base métrica del castellano que no se basa en la
cantidad (sílaba larga y sílaba breve), sino de intensidad (sílaba tónica y
sílaba átona). Por este motivo no creemos necesario profundizar en este
aspecto, al menos al nivel de los estudios de Bachillerato. Baste decir que,
según esta teoría, “la parte del verso comprendida desde la sílaba que recibe
el apoyo [primer acento del verso] hasta la que precede al último constituye el
período rítmico interior [...] Dentro del período las palabras se
organizan en cláusulas o núcleos de dos o tres sílabas.” “En la
sucesión de los versos, los períodos interiores y los de enlace
[...] se suceden regularmente a la manera de los compases de una composición
musical” y la forma de la cláusula corresponde generalmente al tipo trocaico
[ó o] o al tipo dactílico [ó o o]. Así, por las características de sus
cláusulas, el período rítmico puede ser de ritmo trocaico,
dactílico o mixto. Las sílabas anteriores al primer acento (anacrusis)
y las sílabas correspondientes a la rima (que junto al anacrusis del verso
siguiente formarían el período de enlace) no se tienen en cuenta a
efectos rítmicos. En líneas generales, sí puede decirse
que el ritmo dactílico ofrece intensidad y rapidez, el trocaico
es lento y grave, mientras que el mixto no ofrece una especial
inflexión. En la poesía
española, solamente durante el Modernismo se han tenido en cuenta estos
aspectos de la métrica latina, adaptándolos a nuestro idioma. Véase, por
ejemplo, este verso de Rubén Darío, de ritmo dactílico muy marcado: Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda, ó o o ó
o o ó o o
ó o o
ó o o [ó
o En el caso de este verso, por razones en
que no nos vamos a detener, su ritmo es claramente identificable por la
posición del primer acento en el verso. Así, se han distinguido cuatro tipos
fundamentales: Ý + Intensidad
ß— o
Enfático: Primer acento en la primera sílaba del
verso. Ritmo muy marcado, intenso. o
Heroico: Primer acento en la segunda sílaba.
Ritmo llano, equilibrado y uniforme. o
Melódico: Primer acento en la tercera sílaba.
Ritmo suave y apacible. o
Sáfico: Primer acento en la cuarta sílaba. Ritmo
lento y sosegado. Las pausas principales del poema son: la
que ocurre en el final de un verso (pausa versal),
de una estrofa (pausa estrófica) y en el interior de versos
compuestos (cesura). Estas pausas rechazan cualquier sinalefa
entre dos versos o hemistiquios seguidos. Es de notar que la pausa versal
puede romper un sintagma, estableciendo una separación entre las palabras que
lo constituyen, produciéndose entonces el llamado encabalgamiento.
Éste no consiste, como se comenta a menudo, en unir dos versos eliminando la
pausa versal, sino precisamente en separar elementos del sintagma que
normalmente están fuertemente unidos (por ejemplo, un sustantivo y un
adjetivo), manteniendo esta pausa en un lugar que no es habitual en la lengua
hablada. El efecto que produce es el de subrayar el significado de las palabras
que quedan separadas al final de un verso y al principio del siguiente. La cesura es la pausa que
se establece en el interior de un verso [15]. Todos los versos de arte mayor
necesitan de la cesura, por evidentes razones fonéticas. Las partes en que la
cesura divide el verso se denominan hemistiquios. Cuanto más
largos sean el grupos fónicos separados por la cesura, más bajo resultará el
tono y más solemne resultará el verso. Por el contrario, numerosas pausas
internas formarán grupos fónicos reducidos y el ritmo será más rápido y alegre. Entendemos por rima la repetición de los
mismos sonidos al final de los versos. Esta repetición ha de efectuarse a
partir de la última vocal tónica y puede ser de dos tipos:
Esta noche ha pasado Santiago su
camino de luz en el cielo. Lo
comentan los niños jugando con
el agua de un cauce sereno. A B A B
Amor, amor, que
estoy herido. Herido
de amor huido; herido, muerto
de amor. Decid
a todos que ha sido el
ruiseñor. a b b b a b a Teniendo en cuenta el uso o no uso del
cómputo silábico y de la rima, podemos distinguir los siguientes tipos de
versos: Una estrofa es un conjunto de
versos más o menos prefijado por la tradición literaria. En sus orígenes
respondía a las líneas melódicas y rítmicas del canto acomodado a las
evoluciones y variaciones simétricas de la danza. El repertorio de las
distintas combinaciones estróficas fue multiplicándose desde que la poesía se
fue independizando de la música y empezó a componerse principalmente para la
lectura. El siguiente esquema puede resultar útil
para establecer un criterio de clasificación: Principales Estrofas Castellanas Nº
de Versos Estrofa Medida
de Versos Rima Esquema
Métrico 2 Pareado Indiferente Indiferente a a 3 Terceto Endecasílabos Consonante A B A Tercetilla Arte
Menor Consonante a b a Soleá Arte
Menor Asonante a — a 4 Copla Octosílabos Asonante — a — a Redondilla Octosílabos Indiferente a b b a Cuarteta Octosílabos Indiferente a b a b Cuarteto Endecasílabos Consonante A B B A Serventesio Endecasílabos Consonante A B A B Seguidilla Heptasílabos
y Pentasílabos Asonante 7a 5b 7a
5b Cuaderna Vía Alejandrinos Consonante A A A A 5 Quinteto Arte
Mayor Consonante Esquema
variable, aunque ajustado a condiciones: * No
pueden rimar entre sí más de dos versos seguidos. * Los dos
últimos no pueden formar pareado. * No
puede quedar ningún verso suelto. Quintilla Arte
Menor Consonante Lira Endecasílabos
y Heptasílabos Consonante 7a 11B 7a
7b 11B 6 Sextina Arte
Mayor Consonante Esquema
variable, pero con las mismas condiciones que el quinteto y la quintilla. Sextilla Arte
Menor Consonante Copla de Pie Quebrado Octosílabos
y Tetrasílabos Consonante 8a 8b 4c
8a 8b 4c 7 Seguidilla con bordón Heptasílabos
y Pentasílabos Asonante 7— 5a 7—
5a 5b 7— 5b 8 Octava Real Endecasílabos Consonante A B A B A
B C C Copla de Arte Mayor Dodecasílabos Consonante A B B A A
C C A 10 Décima Octosílabos Consonante a b b a a
c c d d c 14 Soneto Endecasílabos Consonante Se trata
de una estrofa mixta, formada por dos cuartetos y dos tercetos.: A
B B A A B B A C D C D C D La disposición de los tercetos puede variar; por
ejemplo: CDE DCE. En raras ocasiones se le puede añadir un estrambote, de
estructura variada. El
Modernismo usó una variante de procedencia francesa, con versos alejandrinos
en lugar de endecasílabos y serventesios en lugar de cuartetos. Series de número indeterminado de
versos Romance Octosílabos Asonante — a — a —
a — a — a — a... Endecha Heptasílabos Asonante — a — a —
a — a — a — a... Romancillo Hexasílabos Asonante — a — a —
a — a — a — a... Romance Heroico Endecasílabos Consonante — A — A —
A — A — A — A... Tercetos Encadenados Endecasílabos Consonante A B
A B C B D C D... X Y X Y La última
estrofa es un serventesio para que no quede ningún verso suelto. Silva Endecasílabos
y Heptasílabos Consonante Distribución
libre. Pueden quedar versos sueltos. Silva Arromanzada Endecasílabos
y Heptasílabos Asonante Silva en
la que la rima va distribuida como en el romance; por
ejemplo: 7—
7a 7— 11A 7— 11A 7a... Estancia Endecasílabos
y Heptasílabos Consonante Como la
silva. Una vez establecida la estrofa, su estructura se repite a lo largo del
poema. Zéjel Arte
Menor Asonante Variable:
consta de un estribillo y varias estrofas en las que el último verso rima con
el estribillo y los restantes lo hacen entre sí:; por ejemplo: a
a b b b a Villancico Arte
Menor Asonante Variable:
estrofas de cuatro o, a veces, tres versos. Varias combinaciones posibles;
por ejemplo: a b
b a c d c d a b b a e f e f... [1] El hecho de que el autor pretenda una finalidad útil (como
la denuncia de injusticias sociales, el adoctrinamiento ideológico del
lector...) siempre debe estar subordinado a la finalidad estética. Si no
fuera así, nos encontraríamos ante un texto perteneciente a cualquiera de las
disciplinas humanísticas (Filosofía, Moral, Historia, Sociología...), no a un
texto literario, en el que la función del lenguaje predominante ha de ser la función
poética, mediante la cual el texto adquiere verdadera significación por el
tratamiento artificial al que es sometida la lengua, para descubrir o
formar nuevas significaciones que no están presentes en el lenguaje común. [2] Fernando Lázaro Carreter y
Evaristo Correa Calderón: Cómo
se comenta un texto literario. Ed. Cátedra. Col. Crítica y Estudios
Literarios. Madrid (1976 y siguientes). [3] Como ayuda, podríamos simplificar la clasificación de los distintos
géneros y subgéneros siguiéndole siguiente esquema: Épica (verso) Épica (prosa) Lírica Dramática Didáctica o
Epopeya o
Cantar de gesta o
Romance o
Épica culta Formas extensas o
Novela (caballeresca, morisca,
pastoril, sentimental, picaresca, psicológica, realista, naturalista...) Formas breves o
Novela corta o
Cuento o
Leyenda o
Cuadro de costumbres o
Cuento folclórico... Formas mayores o
Himno o
Oda o
Canción o
Elegía o
Égloga o
Romance lírico... Formas menores o
Letrilla o
Villancico o
Zéjel o
Serranilla o
Endecha o
Canción... Formas mayores o
Tragedia o
Comedia o
Drama o
Tragicomedia o
Auto sacramental... Formas menores o
Entremés o
Paso o
Jácara o
Loa o
Baile o
Mojiganga o
Sainete o
Farsa o
Vodevil... En verso o
Epístola o
Fábula o
Sátira o
Apólogo o
Poema didáctico-filosófico En prosa o
Diálogo doctrinal o
Ensayo o
carta literaria o
Fábula o
Sátira o
Apólogo [4] Es importante diferenciar entre autor y narrador. El autor es la persona que escribe el texto; el narrador es la “voz” que nos relata los
hechos sucedidos. El punto de vista o la actitud del narrador no tienen por qué
coincidir con la personalidad del autor. Véase este ejemplo, tomado de La
colmena de Camilo José Cela, en el que el narrador se distancia fríamente
de lo narrado para causar un mayor efecto: [A Dorita, que trabaja de planchadora en un
prostíbulo] “La perdió un seminarista de su pueblo, en unas vacaciones [...].
Dorita tuvo un hijo, y el seminarista, en un permiso en que volvió al pueblo,
no quiso ni verla [...]. A Dorita la echaron de su casa y anduvo una temporada
andando por los pueblos, con el niño colgado de los pechos [...] la criatura
fue a morir, una noche, en una cueva que hay sobre el río Burejo, en la
provincia de Palencia. La madre no dijo nada a nadie; le colgó unas piedras al
cuello y lo tiró al río, a que se lo comieran las truchas”. [La cursiva
es nuestra] [5] Naturalmente, esto sólo será posible si se trata de un texto completo (por ejemplo, un soneto) o de un fragmento que presente una unidad y una
relación determinada entre distintos elementos del mismo. Si no es así, este
apartado puede obviarse. [6] Recuérdese que artificial es un derivado de arte.
Equivale, pues a decir habilidad, técnica, oficio por oposición a lo que
es natural. [7] A estos aspectos dedicamos el apartado La Métrica. [8] Véase más adelante, junto con las figuras que afectan a este plano. [9] Tanto la personificación como la animalización y la cosificación suelen realizarse mediante procedimientos metafóricos. [10] Si nos atendemos a la distinción clásica, sería metonimia
la expresión de: o
causa por efecto: vive de su
trabajo (sueldo). o
efecto por causa: respeto las
canas (vejez). o
instrumento por el que lo maneja: un famoso espada (torero). o
lugar de procedencia por el producto: tomó un jerez(vino). o
autor por la obra: leo a Calderón. o
lo físico por lo moral: un hombre sin corazón. o
... Del mismo modo, se considerarían sinécdoque: o
la parte por el todo: un rebaño de mil cabezas (animales). o
el todo por la parte. la ciudad entera (sus habitantes) se echó a la calle. o
la materia por el objeto: sonaban los bronces (las campanas). o
continente por contenido: tomó tres copas. o
singular por plural: el perro es fiel [Todos los perros son fieles]. o
... Como podemos observar, las diferencias entre metonimia y sinécdoque son borrosas y, estilísticamente, poco
pertinentes, por lo que podemos utilizar indistintamente ambos términos. [11] Véanse las correspondencias alegóricas: R feo libro (mal
tabardo) > I saber no feo (Buen
Amor) r1 vil correo > i1 buen dinero r2 ajenuz negro por dentro > i2 ajenuz blanco por dentro r3 negra tapadera > i3 blanca harina r4 caña > i4 lo dulce y blanco r5 espina > i5 bella rosa r6 fea letra > i6 saber de gran doctor r7 mala capa > i7 buen bebedor [12] Debe tenerse en cuenta que la h inicial procedente de f- latina no es muda en la lengua española hasta el siglo XVII. Por esto,
es normal que, en estos casos, no se verifique la sinalefa en nuestros poetas del Siglo de Oro: Cu-bra de
nie-ve la her-mo-sa cum-bre [11] Y vis-te de
her-mo-su-ra y luz no u-sa-da [11] Su pronunciación como consonante aspirada aún se mantiene en algunas zonas de Andalucía occidental y Extremadura. [13] Tomás Navarro Tomás es quien ha desarrollado esta teoría en El arte del verso, Buenos Aires (1965) y, especialmente, en Métrica española, Ed. Guadarrama, Madrid (1974 y siguientes). Las citas que siguen se refieren a este último libro. [14] Y en la de varios críticos, como, por ejemplo, José María Díez Borque, en El comentario de textos literarios, Madrid [1977 y siguientes]. [15] Así lo señala Tomás Navarro Tomás: “Como rasgo de permanente filiación entre el verso y la fonología de la lengua destaca el hecho de que dentro del cuadro de la versificación española el metro que predomina por la frecuencia y extensión de su cultivo es el octosílabo, cuya medida coincide precisamente con la de la unidad melódica o grupo fónico en la común elocución del idioma.” (Métrica española, pág. 31). [16] Los criterios de clasificación que adoptamos aquí pueden variar con respecto a los que utilizan otros autores y manuales, ya que no existe unanimidad de criterio. En muchas ocasiones se utiliza el término “verso libre” tanto para el caso que aquí comentamos como para aquellos versos a los que denominamos “versículos”. De todas formas, no deben confundirse nunca los
términos “verso libre” (sin medida, pero con rima) y “verso suelto” (con medida, pero sin rima).
Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,
buscando los recodos de sombra, lentamente.
A trechos me paraba para enjugar mi frente
y dar algún respiro al pecho jadeante;
o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia delante
y hacia la mano diestra vencido y apoyado
en un bastón, a guisa de pastoril cayado,
aves de altura, hollando las hierbas montaraces
de fuerte olor —romero, tomillo, salvia, espliego—.
Sobre los agrios campos caía un sol de fuego.
Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo
cruzaba solitario el puro azul del cielo.
Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo,
y una redonda loma, cual recamado escudo,
y cárdenos alcores sobre la parda tierra
—harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra—,
las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero
para formar la corva ballesta de un arquero
en torno a Soria. —Soria es una barbacana,
hacia Aragón, que tiene la torre castellana—.
Veía el horizonte cerrado por colinas
oscuras, coronadas de robles y de encinas;
desnudos peñascales, algún humilde prado
donde el merino pace y el toro, arrodillado
sobre la hierba rumia; las márgenes del río
lucir sus verdes álamos al claro sol de estío,
y, silenciosamente, lejanos pasajeros,
¡tan diminutos! —carros, jinetes y arrieros—,
cruzar el largo puente, y bajo las arcadas
de piedra ensombrecerse las aguas plateadas
del Duero.
El Duero cruza el corazón de roble
de Iberia y de Castilla.
¡Oh, tierra triste y noble,
la de los altos llanos y yermos y roquedas,
de campos sin arados, regatos ni arboledas;
decrépitas ciudades, caminos sin mesones
y atónitos palurdos sin danzas ni canciones
que aún van, abandonando el mortecino hogar,
como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!
Pleonasmo: redundancia en la que se añaden
términos no necesarios para entender la idea, pero que pueden tener valor
expresivo.
Elipsis: supresión de elementos en la frase,
sin que se altere la comprensión, con lo que dota a ésta de energía,
concentración y poder sugestivo. Se sobreentiende el elemento elidido.
Asíndeton: se prescinde de las conjunciones
para dar más rapidez, viveza y sensación de agilidad a la frase.
Polisíndeton: repetición de conjunciones que
no son estrictamente necesarias; produce un tono solemne y lento.
Anáfora: repetición de una palabra al
comienzo de cada periodo (frase o verso).
Anadiplosis: repetición de una palabra al
final de un periodo y al comienzo del siguiente.
Epanadiplosis: repetición de una palabra al
comienzo y al final del mismo periodo.
Epífora: repetición de una palabra al final
de varios periodos.
Políptoton: repetición de una misma palabra
en varios de sus accidentes gramaticales; por ejemplo, de un verbo en distintas
formas de su conjugación:
Hipérbaton: alteración del orden lógico o
gramatical de la frase. Se utiliza para realzar alguna palabra o concepto, como
recurso intensificador de su contenido, así como para embellecer o dar
elegancia a la frase.
Paralelismo: repetición de la misma
estructura sintáctica en dos o más periodos; puede llevar implícita la anáfora.
Puede ser:2.6.3.
Plano Léxico-Semántico
La frecuencia de determinados tipos de palabras, su
selección, la riqueza léxica... son elementos importantes a considerar en el
comentario de textos, así como las características del léxico utilizado en
razón de su origen literario, procedencia lingüística y medio social: arcaísmos,
cultismos, neologismos, barbarismos, casticismos, vulgarismos...
Los valores contextuales, la connotación
y los fenómenos semánticos como la homonimia, la polisemia o la antonimia
pueden tener particular relevancia.
Especial estudio y detenimiento merecerán en nuestro
comentario los tropos (metáfora, metonimia y sinécdoque,
imagen, símbolo yalegoría).
Homonimia: cuando varios significados han
confluido en un solo significante.
Polisemia: que implica el juego con los distintos
significados de una palabra.
Antítesis o Antonimia: palabras
de significación contraria. Para marcar el contraste se puede acudir a la
repetición de términos en las frases contrapuestas, a dar a éstas forma
semejante o a establecer entre ellas alguna correlación.
Paradoja: es la unión de dos ideas en
apariencia irreconciliables; es decir, una antítesis aparente, pues resulta no
serlo debido al significado figurado de uno o dos de los términos.
Juegos de palabras. Son muy
diversos; entre ellos encontramos:
Eufemismo: no menciona directamente aquello a
lo que se refiere, sino que lo elude mediante otra palabra o rodeo de palabras.
Interrogación retórica: es aquella
interrogación que no pide respuesta, sino que sirve para acentuar la idea que
en ella se incluye.
Apóstrofe: es la invocación exclamativa
dirigida a un ser presente o ausente, real o imaginario.
Perífrasis: no expresa la idea directamente,
sino mediante un rodeo que permite detenerse más detalladamente en la
descripción.
Ironía: con ella se da a entender lo
contrario de lo que literalmente se dice, generalmente con fines de burla. Si
se hace con intención cruel, hiriente, se le llama sarcasmo.
Hipérbole: se origina al exagerar los
términos, aumentar o disminuir desproporcionadamente objetos, acciones,
cualidades...
Personificación o prosopopeya [9]: consiste en otorgar
cualidades de seres animados a seres inanimados, o cualidades propiamente
humanas a seres no humanos.
Animalización: dotar de cualidades propias de
algún animal a seres humanos.
Cosificación: aplicar cualidades de cosa a
persona.
Sinestesia: dotar de cualidades sensoriales a
un sustantivo que objetivamente no puede poseerlas, ya que éstas corresponden a
un sentido con el que no puede ser percibido el referente de dicho nombre.
Símil o comparación: compara
un término real con otro imaginario que posee alguna cualidad análoga. A
diferencia de la metáfora no identifica los términos, sino que mantiene el
término de la comparación (como, tal, tal que, como si...)
Metáfora: como en el símil, la base es
una comparación, pero a diferencia de éste, en la metáfora se establece
una identidad entre los dos términos, el real [r] y el
imaginario [i], basándose
en una relación de semejanza. Se distinguen dos tipos:
Metonimia y Sinécdoque:
al igual que en la metáfora, se sustituye un término real por otro imaginario;
pero, en este caso, la relación se establece por causalidad, contigüidad
o sucesión de los términos (metonimia), o por cantidad —la
sustitución del todo por la parte, o viceversa— (sinécdoque). Hoy
en día no suele distinguirse entre una y otra, pues sus fronteras
significativas no están claras en muchos casos [10].
Símbolo: en esta figura el término real es un
concepto abstracto, que es sustituido por un elemento concreto, por lo que la
relación entre ambos no puede ser, como en la metáfora, de parecido, sino de
origen psicológico o convencional.
Imagen: en este término podemos incluir toda
figura que, como el símil, la metáfora, la metonimia, la sinécdoque
o el símbolo, consista en la sustitución de un término real por otro
imaginario. Sin embargo, solemos reservarlo a aquella sustitución que no se ha
basado en una relación objetiva o correspondencia aceptada culturalmente, sino
en algún elemento irracional.
Alegoría: es una representación continuada de
términos imaginarios (i1, i2, i3, i4...)
que corresponden a términos reales (r1, r2, r3,
r4...), formando un conjunto global (R) de significación metafórica
(I). Ej.:2.7. Conclusión y Síntesis
![]()
3. La Métrica
3.1. El Verso
3.1.1. El Cómputo Silábico
3.1.2. La Acentuación
3.1.2.1. Acento
Estrófico
3.1.2.2. Posición de los Acentos del
Verso
3.1.2.3. Periodo Rítmico por la Posición
de los Acentos
3.1.2.4. La Acentuación del Endecasílabo
3.1.3. La Pausa Versal y la Cesura
3.1.4. La Rima
Asonante: si sólo coinciden las vocales. Ej.:
Consonante: si
coinciden exactamente vocales y consonantes. Ej.:
3.1.5. Clases
de Versos
Versos sueltos: son
aquellos que mantienen la medida de los demás versos de la estrofa —que riman
entre sí—, pero no riman con ninguno de ellos.
Versos blancos: igual
que en el caso anterior, pero ningún verso de la estrofa rima.
Versos libres: no
siguen ninguna medida, pero riman entre sí.
Versículo o línea poética: los versos no siguen ninguna medida ni riman entre sí. El criterio del
poeta para establecer el ritmo no se basa en las normas tradicionales, sino que
obedecen a razones como la disposición acentual, el uso de los distintos tipos
de paralelismo y correspondencias semánticas [16].3.2.La Estrofa