La Obra Poética de Antonio Machado

© José Antonio Serrano Segura, Sevilla (España) 2000

 

 

 

1.6. ÚLTIMOS AÑOS (1932-1939): UN NUEVO JUAN DE MAIRENA; POESÍAS DE GUERRA. LA MUERTE

1.6.1. TRASLADO A MADRID

1.6.2. UN NUEVO JUAN DE MAIRENA (1934-1936) y JUAN DE MAIRENA “PÓSTUMO” (1937-1939)

1.6.3. POESÍAS DE GUERRA (1936-1939)

1.6.4. LA MUERTE

 

 

 

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1.6. ÚLTIMOS AÑOS (1932-1939): UN NUEVO JUAN DE MAIRENA; POESÍAS DE GUERRA. LA MUERTE.

1.6.1. TRASLADO A MADRID

El poeta consigue el traslado a la capital de España, donde residirá con su madre, su hermano José y la familia de éste, a mediados del curso 1931-32. Aun así sigue pagando su alojamiento en la pensión de Segovia, a la que vuelve con relativa frecuencia, hasta que en junio de 1936 recoge algunos de sus libros y regala el resto a la Universidad Popular Segoviana.

Su vida en Madrid —en el piso que habitaban su madre, su hermano José y la familia de éste— es, al principio, sosegada. Aparte de sus clases en el Instituto Calderón de la Barca[1], pasaba gran parte del tiempo con sus hermanos, Manuel y José, y unos pocos amigos: Ricardo Baroja, Manuel Calvo a los que se sumaban en ocasiones personalidades como Miguel de Unamuno y José María de Cossío.

Pero la atención general parece ahora dirigirse hacia él. Los poetas de la que se llamaría Generación del ’27 lo consideran un maestro indiscutible. Ya han pasado para ellos los años iniciales de las vanguardias y de lo que Ortega y Gasset llamó la deshumanización del arte, actitud artística a la que Antonio Machado había atacado con dureza: “Me siento, pues, algo en desacuerdo con los poetas del día. Ellos propenden a una destemporalización de la lírica, no sólo por el desuso de los artificios del ritmo, sino, sobre todo, por el empleo de las imágenes en función más conceptual que emotiva”[2]. Pedro Salinas y Jorge Guillén lo visitan con frecuencia. Más ocasionalmente, Rafael Alberti, al que, gracias al voto decisivo de Antonio Machado —que formaba parte del jurado— le fue concedido el Premio Nacional de Literatura[3] Por fin, hay un numeroso público anónimo, lo que hace que se publique una nueva edición de sus Poesías completas en 1933 y otra más, ampliada nuevamente, en 1936.

En la prensa aparecen varias entrevistas con el poeta, además de numerosas reseñas y artículos sobre los estrenos de las obras dramáticas de los hermanos Machado. En estas entrevistas, Machado saluda la nueva actitud de los jóvenes poetas que vuelven de nuevo su mirada hacia sus prójimos. Sobre el papel de la cultura, declara en 1934:

Hay quienes consideran ésta [la cultura] como un caudal que, repartido, desaparecería rápidamente. Gran error. El caudal de la cultura se multiplicaría por el goce de ella de las grandes masas [...] Pues lo que las masas buscan [es] no ser masas en el sentido que se da a este nombre, y lo conseguirán. Yo no soy marxista ni puedo creer, con el dogma marxista, que el elemento económico sea lo más importante de la vida; es éste un elemento importante, no el más importante; pero oponerse avara y sórdidamente a que las masas entren en el dominio de la cultura y de lo que en justicia les corresponde, me parece un error que siempre dará funestos resultados. Que las masas entren en la cultura no creo que sea la degradación de la cultura, sino el crecimiento de un núcleo mayor de hombres que aspiran a la espiritualidad. Pero ¿cómo van a ser cultos esos bárbaros? —se oye decir—. Esos bárbaros lo que quieren es no ser bárbaros. Todo lo que se defiende como un privilegio generalmente son valores muertos” [4]

En 1932, la ciudad de Soria le otorga el título de hijo adoptivo. El poeta expresa así su agradecimiento:

 “Queridos amigos: Con toda el alma agradezco a ustedes la iniciativa y el altísimo honor que recibo de esa querida ciudad.

Nada me debe Soria, creo yo, y si algo me debiera, sería muy poco en proporción a lo que yo le debo: el haber aprendido en ella a sentir a Castilla, que es la manera más directa y mejor de conocer a España. Para aceptar tan desmedido homenaje sólo me anima esta consideración: el hijo adoptivo de vuestra ciudad ya hace años que ha adoptado a Soria como patria ideal [...]”[5]

1.6.2. UN NUEVO JUAN DE MAIRENA (1934-1936) y JUAN DE MAIRENA “PÓSTUMO” (1937-1939)

 

A fines de 1934, Antonio Machado adopta la prensa como vehículo de su creación. Al fundarse el “Diario de Madrid”, inspirado por Ortega y Gasset, el poeta emprende, a cargo de su Juan de Mairena, una colaboración semanal. Un año después, pasa al diario “El Sol”. Estos textos aparecerán reunidos en forma de libro en 1936: Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo. Durante 1937 y 1938, ya durante la guerra, seguirá publicando nuevos artículos de su apócrifo (conocidos como Juan de Mairena póstumo) en la revista “Hora de España”. Además, dejó un cuaderno manuscrito titulado Apuntes inéditos, que no llegó a editarse en vida del poeta. En Juan de Mairena hallamos algunos de los conceptos más popularizados de la poética machadiana:

  (Mairena, en su clase de Retórica y Poética.)

—Señor Pérez, salga usted a la pizarra y escriba: “Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”.

El alumno escribe lo que se le dicta.

—Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético.

El alumno, después de meditar, escribe: “Lo que pasa en la calle”.

Mairena.— No está mal.

Juan de Mairena [I]

 

El lenguaje poético ha de depurarse del lenguaje meramente retórico y muerto para acercarse al vivo y natural. También aparecen reflexiones morales aplicadas a la política:

—Continúe usted, señor Rodríguez, desarrollando el tema.

—En una república cristiana —habla Rodríguez en ejercicio de oratoria— democrática y liberal conviene otorgar al Demonio carta de naturaleza y de ciudadanía, prescribirle deberes a cambio de concederle sus derechos, sobre todo el específicamente demoníaco: el derecho a la emisión del pensamiento. Que como tal Demonio nos hable, que ponga cátedra, señores. No os asustéis. El Demonio, a última hora, no tiene razón; pero tiene razones. Hay que escucharlas todas.

Juan de Mairena [I]

 

Una de las últimas fotografías de Antonio Machado en Madrid, antes de  partir hacia Valencia.

Algunos relatos son meras anécdotas o juegos de palabras sobre, por ejemplo, el cuidado que hay que tener con el recto sentido de las palabras:

                           (La pedagogía, según Juan de Mairena en 1940.)

—Señor Gonzálvez.

—Presente.

—Respóndame sin titubear. ¿Se puede comer judías con tomate? (El maestro mira atentamente a su reloj.)

—¡Claro que sí!

—¿Y tomate con judías?

—También.

—¿Y judíos con tomate?

—Eso no estaría bien.

—¡Claro! Sería un caso de antropofagía[6]. Pero siempre se podrá comer tomate con judíos. ¿No es cierto?

—Eso

—Reflexione un momento.

—Eso, no.

El chico no ha comprendido la pregunta.

—Que me traigan una cabeza de burro para este niño.

Juan de Mairena [II]

Pero otras expresan lo más esencial y profundo del pensamiento machadiano, como ésta en que Mairena habla de la otredad del ser partiendo de la metafísica:

De lo uno a lo otro es el gran tema de la metafísica. Todo el trabajo de la razón humana tiende a la eliminación del segundo término. Lo otro no existe: tal es la fe racional, la incurable creencia de la razón humana. Identidad = realidad, como si, a fin de cuentas, todo hubiera de ser, absoluta y necesariamente, uno y lo mismo. Pero lo otro no se deja eliminar: subsiste, persiste; es el hueso duro de roer en que la razón se deja los dientes. Abel Martín, con fe profética, no menos humana que la fe racional, creía en lo otro, en “La esencial Heterogeneidad del ser”, como si dijéramos en la incurable otredad que padece lo uno.

Juan de Mairena [II]

1.6.3. POESÍAS DE GUERRA (1936-1939)

José Machado, en su libro de memorias[7], narra el último encuentro entre los tres hermanos:

A esta habitación venía nuestro hermano Manuel todos los domingos todos los domingos —el resto de la semana nos veíamos diariamente— a reunirse con Antonio y cambiar impresiones sobre sus trabajos. Y allí, apiñados alrededor de aquella mesa camilla, nos sentábamos los tres hermanos [...]. Y entre el humo de los cigarrillos y las inevitables tazas de café, tramaban los dos poetas los argumentos de sus comedias y yo les leía la copia de los actos ya hechos.

Así ocurrió hasta aquel domingo en que se dijeron adiós, sin sospechar siquiera que sería ya la última vez que se verían en la vida Manuel y Antonio.

En efecto, a mediados de julio de 1936, Manuel Machado viajó a Burgos con su mujer para visitar a una tía de ésta. Allí les sorprendió la guerra, en la llamada zona nacional, y allí permanecieron hasta el fin de la misma.

En la mañana del 18 de julio de 1936 suenan los primeros cañonazos en el Cuartel de la Montaña de Madrid. Es el comienzo de una lucha —aún no terminada[8]—, ya que en España se realizó sólo el prólogo de la más sangrienta hecatombe conocida.

 

 

 

Antonio Machado, junto a su madre, su hermano José y la familia de éste. Madrid, 1936.

El poeta, separado de su hermano Manuel y de Guiomar que, como dijimos había marchado a Portugal, sigue en Madrid con sus hermanos Francisco y José. Miguel Pérez Ferrero relata así los primeros momentos de la guerra en la casa de los Machado:

Antonio Machado, con toda la familia que con él habita, permanece en Madrid los primeros tiempos. Apenas si sale de casa. Puede decirse que no sale. Su pensamiento está, de seguro, con el hermano ausente, del que nada sabe, y en la incógnita que reservará cada minuto a transcurrir. A su domicilio le llevan papeles en blanco para llenarse con listas de firmas, al objeto de que él estampe, en cabeza, la suya valiosa. Son adhesiones al gobierno, a los partidos, a los grupos El poeta se siente cada vez más agobiado de mortal cansancio. Está enfermo.

La situación de la capital se agrava para quienes se proponen resistir al ejército que la sitia y, más que una ciudad sitiada, después de experimentar y aun seguir experimentando las sacudidas de la revolución, es puro frente de batalla.[9]

 

 

 

 

 

Del 7 de noviembre de 1936 es el conocido serventesio:

   ¡Madrid, Madrid!, ¡qué bien tu nombre suena,

rompeolas de todas las Españas!

La tierra se desgarra, el cielo truena,

tú sonríes con plomo en las entrañas.          [LXXXIX S]

 

“Madrid, baluarte de nuestra guerra de independencia”. Artículo de Antonio Machado en “Hora de España” (7-11-1937) en el que se recuerda el poema escrito justo un año antes [LXXXIX S]. En él se puede leer:

“Madrid, el frívolo Madrid nos reservaba la sorpresa de revelarnos, a tono con las circunstancias más trágicas de la vida española, toda  la castiza grandeza de su pueblo. En los rostros madrileños, durante unos días de seriedad, vimos a España entera en su mejor retrato. Madrid, frunciendo el ceño oportunamente, había eliminado al señorito y ya podía sonreír otra vez.

El Enemigo —los traidores de dentro y los invasores de fuera— se iba poco a poco aproximando a Madrid. La aviación enemiga multiplicaba sus asesinatos monstruosos [...] No entraron. No podían entrar.

 

 

A pesar de sus reticencias, el poeta se ve obligado a dejar Madrid en noviembre de 1936. Su hermano José lo cuenta así:

“En noviembre, el peligro inminente que se cierne sobre la invicta capital alcanza las más terribles proporciones.

Entonces, amigos muy queridos y admirados por él —los dos poetas, León Felipe y Rafael Alberti— llaman a su puerta para tratar de convencerle cariñosamente de que debe alejarse de Madrid.

En un principio se niega terminantemente a dejar a [sic] su querida ciudad; pero lo que le decide a partir es el imperativo moral —ya sabéis que su bondad era tan grande como su inteligencia— de poner a salvo a su anciana madre, a sus hermanos y a las niñas que hay en la casa, sus sobrinas, a las que quiere como un padre.”[10]

Rafael Alberti evocaba en 1945 con estas palabras la salida de Antonio Machado de Madrid:

A la Alianza de Intelectuales se le encomendó, entre otras, la visita a Antonio Machado para comunicarle la invitación[11]. Y una mañana bombardeada de otoño, el poeta León Felipe y yo nos presentamos en su casa.

Salió Antonio Machado, grande y lento, y tras él, como la sombra fina de una rama, salió su madre [...] Machado nos escuchó, concentrado y triste [...] Se resistía a marchar. Hubo que hacerle una segunda visita. Y ésta con apremio. Se luchaba ya en las calles de Madrid y no queríamos —pues todo podía esperarse de ellos— exponerlo a la misma suerte de Federico [García Lorca].

Después de insistirle, aceptó [...]

Y llegó la noche del adiós, la última noche de Machado en Madrid. ¡Noche inolvidable en aquella casa de soldados! Se encontraba allí lo más alto de las ciencias, las letras y las artes españolas [...]. Afuera, el corazón de España latía a oscuras, con su alto cielo de otoño interrumpido ya de resplandores de los primeros cañonazos.[...] Y mientras, en aquel saloncillo del 5º Regimiento, en medio del silencio que dejaba de vez en cuando el feroz duelo de artillería, un hombre extraordinario, aún más viejo de lo que era y erguido hasta donde su vencimiento físico se lo permitía, con sencillas palabras de temblor, agradecía, en nombre de todos, a aquellos nobles soldados, que así preciaban la vida de sus intelectuales, repitiendo razones de fe, de confianza en el pueblo de España [...] Poco más tarde, desde su huertecillo de Valencia, escribía el poeta, insistiendo una vez más en su creencia ciega en el pueblo de España:

 “En  España lo mejor es el pueblo. Por eso la heroica y abnegada defensa de Madrid, que ha asombrado al mundo, a mí me conmueve, pero no me sorprende. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre”[12]

 

La revista “Hora de España”, editada en Madrid desde enero de 1937 y que llegó a ser la más importante publicación literaria periódica de aquellos años, adoptó desde su primer número [derecha] la costumbre de ceder el primer lugar en cada uno de ellos a Antonio Machado. Fue allí donde se recogieron las últimas reflexiones de Juan de Mairena bajo la forma Lo que hubiera dicho Juan de Mairena”, ya que desde su primera aparición constaba en su “biografía” que había muerto en 1909.

 

Miguel de Unamuno

En la capital valenciana sólo permanecieron unos días. El estado de salud de Antonio Machado era preocupante. Gracias a unos amigos, pudieron instalarse en Rocafort, cerca de Valencia, en una casa con jardín.

Unos meses después de la muerte de Federico García Lorca, que inspira el poema El crimen fue en Granada [LXXXIV S], otra muerte, la de su “queridísimo maestro” don Miguel de Unamuno, el 31 de diciembre de 1936, le hace escribir:

Señalemos hoy que Unamuno ha muerto repentinamente, como el que muere en guerra. ¿Contra quién? Quizá contra sí mismo; acaso también, aunque muchos no lo crean, contra los hombres que han vendido a España y traicionado a su pueblo. ¿Contra el pueblo mismo? No lo he creído nunca ni lo creeré jamás.[13]

 

 

 

 

 

 

Su estado físico se va desmoronando. A mediados de 1937 escribe a David Vidgodsky:

En efecto, soy viejo y enfermo, aunque usted por su mucha bondad no quiera creerlo: viejo porque paso de los sesenta, que son muchos años para un español; enfermo, porque las vísceras más importantes de mi organismo se han puesto de acuerdo para no cumplir exactamente su función. Pienso, sin embargo, que hay algo en mí todavía poco solidario de mi ruina fisiológica, y que parece implicar salud y juventud de espíritu, si no es ello también otro signo de senilidad, de regreso a la feliz creencia en la dualidad de sustancias.

De todos modos, mi querido Vigodsky, me tiene usted del lado de la España joven y sana, de todo corazón al lado del pueblo, de todo corazón también enfrente de esas fuerzas negras —¡y tan negras!— a que usted alude en su carta.[14]

En este tiempo, la obra poética de Antonio Machado alcanza sólo la escasa cantidad de veinte poemas. Sin embargo, son suficientes para comprobar en la mayoría de ellos un resurgimiento de la inspiración.

 

 

La revista “Ayuda” publicó la elegía a Federico García Lorca, de Antonio Machado, el 17 de octubre de 1936. Dibujo de José Machado.

 

El poema escrito con motivo del asesinato de García Lorca ocupa un lugar destacado. Está dividido en tres partes. La primera es la narración del crimen, con ritmo y tonalidades de romance popular. La escena está descrita de un modo épico, subrayado por el apóstrofe final:

    [...] Muerto cayó Federico

—sangre en la frente y plomo en las entrañas—

Que fue en Granada el crimen

sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.   [...]

En la segunda parte, el poeta establece un diálogo con la muerte, mientras suenan insistentemente los yunques de las fraguas[15]. Este diálogo no es sino la reanudación del que está presente a lo largo de toda la obra del poeta granadino:

“Porque ayer en mi verso, compañera,

sonaba el golpe de tus secas palmas,

y diste el hielo a mi cantar, y el filo

a mi tragedia de tu hoz de plata,

te cantaré la carne que no tienes,

los ojos que te faltan,

tus cabellos que el viento sacudía,

los rojos labios donde te besaban

Hoy como ayer, gitana, muerte mía,

qué bien contigo a solas,

por estos aires de Granada, ¡mi Granada!”

La tercera y última parte es un piadoso ruego a los lectores:

  Se le vio caminar

                                 Labrad, amigos,

de piedra y sueño en el Alambra,

un túmulo al poeta,

sobre una fuente donde llore el agua,

y eternamente diga:

el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!           El crimen fue en Granada

                                                                                       [LXXXIV S]

Algunos poemas vuelven al tema del recuerdo: de Soria [LXXIV S], de la Sevilla de la infancia [LXXVIII S]. Otros se refieren directamente a la guerra como el dedicado A Líster, jefe de los ejércitos del Ebro [LXXXI S], o el que pide el mayor castigo para Franco: Al otro conde don Julián [LXXX S].

Pero, sin duda, el más impresionante y de mayor calidad poética es el titulado La muerte del niño herido [LXXVI S], publicado en 1938, en el que las imágenes alucinadas que grita el niño en su delirio febril, las interrogaciones intensamente doloridas de la madre, el “moscardón” de un invisible avión entre la luz blanca de la luna y la oscuridad de la ciudad apagada en la noche se funden en un cuadro trágico que termina en la reiteración de la frialdad de la mano del hijo muerto:

 

   Otra vez es la noche Es el martillo

de la fiebre en las sienes bien vendadas

del niño. —Madre, ¡el pájaro amarillo!

¡Las mariposas negras y moradas!

   —Duerme, hijo mío. Y la manita oprime

la madre, junto al lecho. —¡Oh flor de fuego!

¿Quién ha de helarte, flor de sangre, dime?

Hay en la pobre alcoba olor de espliego;

   fuera la oronda luna que blanquea

cúpula y torre a la ciudad sombría.

Invisible avión moscardonea.

   —¿Duermes, oh dulce flor de sangre mía?

El cristal del balcón repiquetea.

—¡Oh, fría, fría, fría, fría, fría!               

La muerte del niño herido [LXXVI S]

Discurso a las Juventudes Socialistas Unificadas, el 1 de mayo de 1937.

Y, por supuesto, no podía faltar el recuerdo a Guiomar[16].

1.6.4. LA MUERTE

 

Antonio Machado, en Barcelona (1938).

En abril de 1938 lo trasladan, junto a su madre, su hermano José y la familia de éste, a Barcelona. Allí, en la “Torre Castañar”, muy enfermo ya, pero rodeado de la cariñosa atención de amigos como Tomás Navarro Tomás, siguió trabajando para “Hora de España” y “La Vanguardia”. El invierno es  especialmente crudo; apenas hay alimentos. Barcelona está a punto de caer, y el 22 de enero de 1939 son evacuados de la ciudad. Viajan hacia Gerona en un coche que ha puesto a su disposición el doctor Puche, amigo y médico que ha estado tratando al poeta. El 26 de enero cae Barcelona; el 27, llegan a una casa cerca de Figueras, donde se les une un grupo en el que figuran diversas personalidades del mundo universitario y escritores como Corpus  Barga. Al día siguiente, son trasladados hacia Francia en unas ambulancias, pero los chóferes deben dejarlos a mitad del camino. El tramo final hacia la frontera hubieron de hacerlo a pie ese mismo día, bajo la lluvia. Antonio Machado perdió la maleta en la que iban sus únicas pertenencias y, sin duda ninguna, sus últimos escritos —había trabajado mucho en los últimos tiempos, a pesar de la enfermedad, para atender las numerosas solicitudes de colaboración que se le hacían—. Corpus Barga hubo de llevar en sus brazos a la madre de Machado durante gran parte del trayecto. Tras pasar la frontera el 28 de enero, pasaron la primera noche en un vagón vacío de ferrocarril. El día 29, el “Comité d’accueil aux intellectuels espagnols”, algunas autoridades francesas y miembros del gobierno republicano que se hallaban en Perpiñán se ocuparon de ellos. Les ofrecieron ir a París, pero Antonio Machado declinó ante el penoso estado en que se encontraban tanto él como su madre. Por fin, se les pudo alojar en un pequeño hotel del pueblecito pesquero de Collioure.

 

El 9 de febrero escribe su última carta, al poeta José Bergamín, en la que agradece la ayuda que le brinda: “bien para continuar aquí en las condiciones actuales, bien para trasladarme a alguna localidad no lejana donde poder vivir en un pisito amueblado en las condiciones más modestas”, y expresa su deseo de “resistir en Francia hasta encontrar recursos para vivir en ella de mi trabajo o trasladarme a la U.R.S.S.[17].

Aquellos fueron sus últimos días:

Realmente —cuenta su hermano José[18]venía herido de muerte del fatal éxodo, que los demás logramos sobrellevar a duras penas[...].En sus últimos días dos veces salió a ver conmigo el mar que tanto anhelaba. La última, sentados en una barca de la playa, me dijo:¡Quién pudiera quedarse aquí, en la casita de algún pescador, y ver desde una ventana el mar, ya sin más preocupaciones que trabajar en el arte!

Al día siguiente, sábado, empezó a sentir una gran angustia del corazón. Al llegar el miércoles de ceniza, cinco días después, amaneció mortal. A las cuatro de la tarde de este día murió.

Su cabeza se mantuvo firme hasta pocas horas antes de su fin, que perdido ya el conocimiento se nos fue para siempre.

Al día siguiente fue enterrado en el cementerio de Collioure. Su féretro, cubierto con la bandera republicana, fue llevado a hombros por seis soldados de la República.

Su madre, Ana Ruiz, murió el día 24, tras enterarse de la muerte de su hijo, en uno de esos extraños momentos de lucidez que a veces preceden a la agonía.                                

Algunos días después, José Machado encontró en un bolsillo del gabán de su hermano un arrugado trozo de papel. En él había escrito el poeta tres anotaciones con un lápiz que le había pedido días antes.

La primera, del monólogo de Hamlet: “Ser o no ser”. La segunda, un solo verso:

   Estos días azules y este sol de la infancia.   [XCII S]

La tercera, una de las Otras canciones a Guiomar, con una ligera variante[19]:

   Y te daré mi canción:

“Se canta lo que se pierde”,

con un papagayo verde

que la diga en tu balcón.

Las angustias del tiempo y la muerte, el recuerdo de la infancia, el amor que se vive y se pierde, la canción del poeta

Última fotografía de Antonio Machado. En Colliure, días antes de su muerte.

Antonio Machado, en su lecho de muerte.

 

Imágenes del entierro de Antonio Machado y de su tumba en Colliure.

 

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NOTAS:

[1]En el curso 1935-36 pasará al Instituto Miguel de Cervantes.

[2]De su Poética, incluida en la Antología de poetas españoles que preparaba Gerardo Diego en 1931. Prosas completas, págs. 1802-3.

[3]Sobre éste y otros episodios de la relación entre Alberti y Machado, véase La arboleda perdida, el magnífico libro de memorias del primero.

[4]“Los artistas en nuestro tiempo - Conversación de Alardo Prats con el insigne poeta don Antonio Machado”, en “El Sol”, 9 de noviembre de 1934. En Prosas completas, págs.1808-14.

[5]Carta a Pelayo Artigas y Bienvenido Cales,  en  “Madrid, 19-8-1932”. En Prosas completas, págs. 1799-1800.

[6]La raíz griega de la palabra [anthropofagía] acentúa la i final; actualmente se ha impuesto la forma antropofagia.

[7]José Machado: Últimas soledades del poeta Antonio Machado, Ediciones de la Torre, Madrid, 1999.

[8]Estas líneas se escriben en 1940.

[9]Miguel Pérez Ferrero: Vida de Antonio Machado y Manuel, Ed. Espasa-Calpe, col. “Austral, nº 1.135, Madrid, 1973.

[10]José Machado: op. cit.

[11]Se refiere a la invitación, hecha a numerosos intelectuales, de abandonar Madrid, siguiendo al gobierno de la República, que se trasladaba a Valencia, para ponerlos a salvo ante la posible “caída” de la capital.

[12]Rafael Alberti: “Imagen primera y sucesiva de Antonio Machado”, en Imagen primera de Buenos Aires, Losada, 1945. (Recogido en Antonio Machado. Edición de Ricardo Gullón y Allen W. Phillips, Madrid, Taurus, 1973).

[13]Artículo publicado en Madrid, revista de la Casa de la Cultura Española, Valencia, copiado en una carta a David Vigodsky en abril de 1937. Recogido en Prosas completas, págs. 2179-83.

[14]V. nota anterior.

[15]Son varios los elementos del léxico poético lorquiano que, como estos yunques de las fraguas, utiliza en el poema Antonio Machado.

[16]V. el poema LXXVII S en §1.5.2. UN NUEVO AMOR: Guiomar, pág. 58.

[17]En Prosas completas, págs 2302-3.

[18]José Machado: op. cit. V. nota 78, pág. 76.

[19]Se trata del poema numerado como CLXXIV-VI (ver 1.5.3.8.Canciones... en pág. 68). La variante es daré” por “enviaré.